CAPITULO I:
EL HOMBRE: DEFINICION
El tema de la definición de hombre es
fundamental para cualquier consideración antropológica ulterior. El acuerdo o desacuerdo sobre la esencia del
hombre y su naturaleza constituyen el meollo de toda antropología. Para explicitar lo que es la naturaleza
humana debemos señalar las determinaciones específicas intrínsecas que la
constituyen. Son determinaciones
intrínsecas porque la esencia humana no es algo que está fuera del hombre. Esta
naturaleza o esencia, considerada dinámicamente, es principio de las
actividades que consideramos naturales.
La naturaleza se nos presenta como un conjunto de orientaciones hacia
fines perfectivos que le corresponden y que, por consiguiente, llamamos fines
connaturales. Por esto, la naturaleza
debe ser entendida tanto como un conjunto de determinaciones intrínsecas específicas como principio de orientaciones y
actividades naturales. Considerando
lo primero podremos distinguir al hombre de todo otro todo sustantivo no
humano. Considerando lo segundo podremos
descubrir la actividad propiamente natural del hombre.
Particularmente,
en este caso donde intentamos considerar el tema desde la perspectiva de las
corrientes contemporáneas, el eje de toda discusión parte del reconocimiento,
rechazo e interpretación de las determinaciones específicas intrínsecas o,
dicho de otro modo, las notas esenciales que integran la definición del hombre,
vale decir : la animalidad y la
racionalidad.
Sugiero
analizar un texto de Sto. Tomás que resume, con esa claridad diáfana que lo
caracteriza, su comprensión de las notas esenciales aludidas y su relación con
el todo sustantivo que es el hombre concreto.
Leemos en S.Th.I-II,q.67,a.5,c :
“el género y la diferencia significa el todo, es decir, el compuesto de materia
y forma en las cosas materiales, de este modo la diferencia significa el todo,
y el género también : pero el género denota el todo significándolo por lo
que es como materia, la diferencia, significándolo por lo que es como
forma ; la especie, significando ambas cosas. Así, en el hombre la naturaleza sensitiva es
como materia respecto de lo intelectivo, y por eso “animal” se llama a lo que
tiene naturaleza sensitiva ; “racional”, a lo que tiene naturaleza intelectiva,
y “hombre” a lo que tienen ambas. Y así
es el mismo todo el que se significa por estas tres denominaciones, pero no
bajo el mismo aspecto. Es por tanto
manifiesto que no siendo la diferencia más que designativa del género, removida
ella, la sustancia del género no puede permanecer la misma, y así no permanece
la misma animalidad si es otra clase de alma la que constituye al animal”.
Este texto
muestra como en el pensamiento de Sto. Tomás está siempre presente la unidad
del todo sustantivo humano. La
animalidad del hombre, que por su evidencia no necesita demostración alguna,
guarda semejanza con la sensitividad de los animales inferiores a él. Sin embargo, aunque las características
sensitivas sean semejantes, por el hecho de pertenecer al hombre son
humanas. El hambre del hombre no es
idéntico al hambre del animal. La
diferencia no se debe a la función orgánica en sí, sino a que en el hombre ésta
se halla asumida por un principio superior, al que llamamos espíritu. La racionalidad, en cambio, sí necesita
demostración pues no es tan evidente, al punto de ser cuestionada y negada por
muchas corrientes contemporáneas. La
razón pertenece al ámbito de lo espiritual y expresa la existencia del espíritu
en el hombre como algo real, distinto e irreductible a toda función orgánica o
psíquica inferior. El análisis de las
actividades humanas sirve como demostración de esa realidad espiritual. Precisamente es la racionalidad lo que
cuestionan las corrientes antropológicas contemporáneas.
La
definición clásica del hombre como animal racional es cuestionada en primer
lugar por aquellas corrientes que no aceptan siquiera la posibilidad de definir
al hombre, tal es el caso del agnosticismo, del intuicionismo de Bergson o del
existencialismo. Pero aún aquellas
corrientes y filósofos que aceptan definir al hombre no reniegan de la
animalidad cuanto de la racionalidad. El
denominador común de todas esas objeciones es el aspecto restrictivo que
otorgan al término racionalidad, sugiriendo, según sus respectivas posturas,
diferentes alternativas para reemplazar al término cuestionado. Es en este punto en el que conviene tener
bien presente el último párrafo del texto enunciado de la Suma : “no siendo la
diferencia más que designativa del género, removida ella, la substancia del
género no puede permanecer la misma”.
Diversas
definiciones del hombre
Pasemos
ahora al análisis de algunas corrientes y filósofos, que aceptando la
posibilidad de definir al hombre, reniegan o bien de lo que Sto. Tomás denomina
la “forma”, o bien de la sustantividad del hombre individual.
Consideremos
a Karl Marx como representante del socialismo hegeliano. Marx (1818-1883)en su obra Tesis sobre Feuerbach, escrita en 1845 y
publicada por Engels en 1888, como obra póstuma, define la esencia humana como
el “conjunto de relaciones sociales” (Sexta Tesis). La intención de Marx no es resaltar el
carácter social del hombre, sino referir a la realidad misma de la esencia
humana, que sólo es tal, por el conjunto de las relaciones sociales. Obviando toda referencia a la evidente
influencia de Hegel en dicha aseveración, es clara su negación de la
sustantividad del hombre individual.
Analicemos
ahora otra corriente como la del naturalismo
vitalista, a través de la figura de Ludwig
Klages (1872-1956). Klages proclama
el antagonismo entre el alma (Seele)
y el espíritu (Geist). Pero identifica, por un lado, lo anímico con
lo vital y dionisíaco, por otro, lo espiritual con lo racional, lógico y
demoníaco. ( Ver Der Geist als
Widersacher der Seele, Vol. I y II 1929, Vol. III 1932). Klages analiza el proceso histórico de la
humanidad como “la progresiva lucha
victoriosa del espíritu contra la vida, con el fin, lógicamente previsible, de
la aniquilación de la última”. En
su esquema la animalidad del hombre es la que le permite tener una comunión
íntima con la Naturaleza, en cambio la razón en tanto espíritu, convierte al
hombre en “la vía muerta de la especie”. Es un claro ejemplo en el que se reniega de
lo que el hombre es por su forma.
Frente al
vitalismo de Klages surge con toda la pasión de su creador, la antropología
scheleriana. Max Scheler (1874-19928) contemporáneo a Klages, se propone
revalorizar el espíritu como lo que al hombre lo hace persona. En su conocida obra Die
Stellung des Menschen im Kosmos (1928) se propone dar una respuesta al “concepto esencial del hombre”, en
oposición al “concepto sistemático
natural”. Ese concepto esencial
confiere al hombre un puesto singular, incomparable con el que ocupan las demás
especies vivas. Ese puesto singular lo
adquiere por el espíritu, el que según Scheler, parafraseando a Kant, “se eleva sobre la psique, negando
expresamente que el espíritu sea sólo un grupo de funciones pertenecientes a
una supuesta alma sustancial, cuya ficción es debida sólo a una injustificada
sustancialización de la unidad actual del espíritu”. En estas breves líneas, transcriptas del
cap.II de la obra citada, podemos observar su alejamiento de la posición
tomista por negar la sustantividad del alma y del espíritu. Aún más, Scheler define al espíritu como actualidad pura. Cito : “El centro del espíritu, la persona, no es, por lo tanto, ni ser
substancial ni ser objetivo, sino tan sólo un plexo y orden de actos”.
Lamentablemente, el pensamiento antropológico contemporáneo no
tomista, más cercano a la doctrina del Aquinate, cae en un actualismo que negando
la sustantividad del hombre, lo reduce a sus puros actos. Esta postura niega la noción de sustancia
porque la concibe como una suerte de sustrato inerte, y por ende inútil para
explicar la realidad que siempre se manifiesta en algún tipo de actividad. Indudablemente, Scheler parte de un
equivocado concepto de sustancia, pues ésta no es un mero sustrato estático,
sino un real principio dinámico del que proviene y en el que se funda toda
actividad, sin confundirse con la realidad sustancial. Cada hombre es el sujeto sustantivo que
cumple diversas actividades, distintas entre sí y a la vez distintas de él
mismo, fuente de ellas. Es principio
fontal de dinamismo y no mero sustrato o soporte. Por eso la explicación actualista resulta
insatisfactoria para dar cuenta de la efectiva realidad humana.
Contemporáneo
a Klages y a Scheler, es el neokantiano de la escuela de Marburgo Ernst
Cassirer (1874-1945). En su obra An Essay on Man (1945) sostiene que el
hombre vive en un universo simbólico, siendo el lenguaje, el mito, el arte y la
religión partes de este universo, que forman los diversos hilos que tejen la
red simbólica, la urdimbre complicada de la experiencia humana. Termina su cap. II : “Una clave de la naturaleza del hombre :
el símbolo”, sosteniendo que “la
razón es un término verdaderamente inadecuado para abarcar las formas de la
vida cultural humana en toda su riqueza y diversidad”. Propone, por lo tanto, reemplazar la
definición tradicional de hombre como animal racional por la de animal simbólico. De este modo, podremos según Cassirer,
designar su diferencia específica y comprender el nuevo camino abierto al
hombre : el camino de la civilización.
Cassirer no desconoce el valor de la razón. Es más, afirma que la racionalidad es un
rasgo inherente a todas las actividades humanas, pero que no alcanza a cubrir y
explicar todo el campo de la cultura.
Rescata, incluso, el sentido que, según él, los grandes pensadores daban
a la definición del hombre como animal racional. Según Cassirer, tal definición expresaba, más
bien, un imperativo ético fundamental.
Desde luego, estamos en presencia de una filosofía en la que la noción
de signo y significación, a la luz de una peculiar filosofía del lenguaje,
adquiere un valor diverso del que le atribuye la lógica formal
tradicional. Desde nuestra perspectiva,
el símbolo sólo puede ser explicado por la capacidad de abstracción de la
razón, por lo que lo simbólico es captado como una propiedad derivada de la
nota esencial de la racionalidad. Esto
convierte la definición de Cassirer en una definición per propria, por lo tanto reductible a una definición per
essentialia. Pretendiendo Cassirer dar una definición más amplia, a la luz
del tomismo, sólo obtiene una definición más restringida y fundada.
Acercándonos
a nuestro tiempo, y debido a las restricciones en la extensión de este trabajo,
he decidido seleccionar dos de los filósofos más representativos e influyentes
de nuestros días : Herbert Marcuse y Gianni Vattimo.
Marcuse (1898-1979) perteneció en su
primera etapa a la Escuela de Frankfurt, fundada en 1920 por G.Lukács. Su pensamiento es una curiosa mezcla
ideológica originada en la interpretación de Hegel y Marx como profetas de una utopía racionalista. Luego evolucionó hacia una ideología popular
de la revolución global, en la cual
la liberación sexual jugaba un papel preponderante, y en la que la clase obrera
fue desplazada rápidamente, para dar lugar a los estudiantes, a las minorías
raciales y al lumpen proletariado. Su antropología aparece desarrollada,
fundamentalmente, en su obra más difundida One-dimensional
Man (1964), aunque también hay antecedentes en Eros and Civilization (1955) y en sus últimos ensayos de 1970 Five Lectures, uno de ellos traducido
como “Un ensayo sobre la liberación”.
Toda su filosofía se orienta a la
crítica de una civilización tecnológica que ha instaurado un orden social en el
que el hombre unidimensional adquiere
la alienación suprema, la pérdida de la libertad. Acusa
al positivismo y al análisis del lenguaje por contribuir a la formación
de ese hombre unidimensional. Su característica es la esclavitud
imperceptible pero verdadera por su degradación a simple instrumento, por la
carencia de autonomía y capacidad de decisión.
Marcuse pone como causa de esta sociedad cerrada y opresora, formadora
del hombre unidimensional a la racionalidad. En One-dimensional
Man, encontramos expresiones como éstas : “vivimos en el signo de la racionalidad y la producción”, “imponer la
razón a toda una sociedad es una idea paradójica y escandalosa”, o bien
caracteriza a la sociedad actual por la “índole
racional de su irracionalidad”. Para
obtener una ontología bidimensional que resuelva el antagonismo entre libertad
y opresión propone rechazar todo orden establecido mediante la liberación del eros. Marcuse propone reemplazar animal
racional por animal erótico, que supone el desarrollo espontáneo de los
instintos sin ningún tipo de represión.
Esto, para él, conduce a la paz y a la armonía en la que el placer será
reconocido como un fin en sí mismo (Cfr. Eros
y Civilización). Desde una
perspectiva crítica, podemos decir que Marcuse
no propone nada nuevo y pretende reinstaurar un hedonismo que ya existe
en la sociedad actual, y que no ha demostrado ninguna eficacia para combatir la
esclavitud de la tecnología.
Vattimo, filósofo italiano
contemporáneo, nacido en 1936, es uno de los representantes más populares del
postmodernismo. A diferencia de otros
teóricos de la postmodernidad no quiere adoptar un tono apocalíptico, sino uno
mesurado. Toma de Nietzsche y de
Heidegger una ontología nihilista, que supera la metafísica porque, a
diferencia de ésta, no identifica al ser con el ente y no busca estructuras
estables (esencias) ni fundamentos eternos.
Capta al ser como evento, como
algo epocal. Para Vattimo la hermenéutica (ontología nihilista que
realiza la fusión del ser en el lenguaje) es el nuevo lenguaje común, o la
nueva koiné de los años 80. Su propuesta personal es la del pensiero debole para contrarrestar las
formas de dominio propias de la metafísica y de la razón calculadora (Cfr. El pensamiento débil, volumen colectivo
publicado por Pier Paolo Rovatti, 1983, versión castellana 1987). En lugar de la racionalidad propone el
pensamiento débil que es pensamiento abierto. Cuando habla de debilidad se
refiere a la disolución de muchas rigideces que, para el filósofo italiano, son
los verdaderos obstáculos para nuestra libertad. Según Vattimo, en cuanto cae la idea de la
racionalidad, desaparece la idea de una sola forma verdadera de realizar la
humanidad. Aparece un mundo plural. Vattimo habla del alcance emancipador y
liberador de la pérdida del sentido de la
realidad. Este efecto emancipador de
la liberación de la racionalidad reside, por un lado, en la posibilidad de manifestar
cada uno lo que es : negro, mujer, homosexual, protestante, etc., y por
otro, en la vivencia de extrañamiento
cuando comprendo que mi sistema de valores no es el único. Para el postmoderno el ser no coincide con lo
estable, fijo y permanente, sino que tiene que ver con el evento, el consenso, el diálogo y la interpretación, apareciendo esto como una chance de un nuevo modo de ser humano, donde básicamente se pierden
las determinaciones de sujeto y objeto (Cfr. Etica dell’ interpretazione, 1989, versión española 1992). No hay en Vattimo un interés por la
definición de hombre porque su hermenéutica no busca esencias, ni nada
permanente. En todo caso describe el
nuevo modo de ser humano como evento, consenso, diálogo e interpretación, siempre dentro del marco del pensiero debole. Si bien
no alude a ella, en particular, su postura implica un rechazo de la
posición tomista.
LA MASCULINIDAD
“El privilegio masculino no deja de ser una trampa y encuentra su contrapartida en la tensión y la contención permanentes, a veces llevadas al absurdo, que impone en cada hombre el deber de afirmar en cualquier circunstancia su virilidad [...] La virilidad, entendida como capacidad reproductora, sexual y social, pero también como aptitud para el combate y para el ejercicio de la violencia (en la venganza sobre todo), es fundamentalmente una carga. Todo contribuye así a hacer del ideal imposible de la virilidad el principio de una inmensa vulnerabilidad” (Bourdieu, 2007: 69).
Los conceptos que fundamentan el discurso de poder dentro de los estudios de género han servido como punto de partida para el análisis de la masculinidad. Kaufman y Pired (1991) señalan que el deseo de poder y control, o bien su rechazo, es clave en la formación de cada hombre porque es “la esencia misma del proyecto de convertirse en hombre”( Kaufman y Pired, 1991:13). Por consiguiente, se observa que las relaciones desiguales de poder en el hogar generan prácticas ventajosas en los hombres y generan discriminación y vulnerabilidad en mujeres, niños, niñas y personas ancianas.
Como punto clave de la masculinidad ha sido reconocida la convivencia de hombres y mujeres dentro de un sistema sociocultural, lo que es determinante para sus roles en la sociedad. Sobre ello Seidler (1991) señala que no es posible hablar de una masculinidad única, ya que en el proceso de socialización de los hombres se entrelazan diferentes influencias que son determinadas por la sociedad y la cultura social en la que cada uno vive y de las que se pueden mencionar la clase, la religión, la etnia, la convivencia urbana o rural y, primordialmente, una serie de influencias dadas por la familia, como la ética y la moral.
Así, la masculinidad puede entenderse como parte de la identidad de género y expresa la convicción que desarrollan los hombres de pertenecer al sexo masculino como diferente al sexo femenino. Es una construcción sociocultural, que ocurre en condiciones específicas de espacio y tiempo. La paternidad expresa uno de los roles de género referido a la relación que establecen los hombres con su descendencia inmediata, pudiendo ser ésta biológica o adoptada socialmente.
Para el estudio se consideró la masculinidad como el conjunto de atributos, valores, funciones y conductas que se suponen esenciales al hombre en una cultura determinada, y que es determinante para sus roles en la sociedad. Con sus variantes nacionales se puede considerar que en América Latina existe una forma hegemónica de socialización de los hombres que está cultural e históricamente construida y que tiene sus variaciones por clase o por etnia, pero que sirve siempre de referente incluso a las formas alternativas de socialización. En esta socialización se pueden encontrar algunas claras ventajas para el hombre con relación a la sexualidad y a la reproducción. Algunas, con el tiempo y su rigidización, se van transformando en un costo para la salud sexual y reproductiva (de ellos y ellas). Se consideran además los planteamientos de Robert Connell (1987) quien define el género como una estructura de relaciones sociales. Explica que dicha estructura, para fines analíticos, puede subdividirse en el trabajo (relaciones de producción y las divisiones genéricas del trabajo como parte de ellas), el poder (relaciones de poder: dominación masculina y subordinación femenina) y cathesis (las relaciones sociales en su dimensión emocional, la organización del deseo, los sentimientos, la sexualidad) (citado en del Va l l e , 2 0 0 2 ) .
En estas subdivisiones de relaciones sociales, hombres y mujeres no siguen comportamientos uniformes, sino que se pueden distinguir múltiples masculinidades y femineidades aún en el mismo contexto social. Indica Connell que la masculinidad es una construcción social que resulta de multitud de factores y ámbitos como la familia, la escuela, los medios de comunicación, la religión y la conformación de la sociedad, pero en todos los casos depende de un sistema de relaciones de género. No hay una definición universal de masculinidad, ya que todas las sociedades cuentan con registros culturales de género, pero no todas tienen concepto de masculinidad (Connell, 1997).
La masculinidad y la feminidad son históricas y se forman y transforman en el tiempo, a veces influidas por factores extra-género, como la modernidad, la tecnología y las crisis económicas (Connell, 1997). Se han podido encontrar algunos mitos y tabúes referidos a la masculinidad y la feminidad a través de algunos estudios sobre la sexualidad en distintos países del área. Así, para el hombre la masculinidad se demuestra por el vigor físico y reciedumbre de los modales; el tamaño de los genitales se asocia con la potencia sexual; no debe expresar sus sentimientos; el hijo varón es confirmatorio de virilidad; está hecho para el placer y debe llevar la iniciativa de las relaciones sexuales; es el que manda en el hogar y garantiza el aporte económico; es el que tiene derecho a estudiar y superarse; los hombres son más inteligentes y son dados a la independencia y a la acción. La concepción de masculinidad y de subjetividad, como construcciones simbólicas y de prácticas que responden a las interpretaciones disponibles y a las instituciones que las regulan, permite abordar la paternidad como un fenómeno cultural, social y subjetivo, de enorme diversidad dentro del mismo individuo, entre los individuos de un mismo contexto sociocultural y en diferentes momentos históricos. Por consiguiente, la paternidad experimentada por los sujetos como una serie de prácticas y significaciones que definen la relación con los hijos e hijas debe ser diferenciada de la maternidad.
El acto sexual masculino
La fuente más importante de señales nerviosas sensitivas
para la iniciación del acto sexual masculino es el glande
del pene. El glande contiene un órgano especialmente sensiConducto
deferente
Uretra
Testículo
Epídimo
Glándula de Cowper
Próstata
Vesícula seminal
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ble que transmite al sistema nervioso central una modalidad
de sensación denominada sensación sexual. La acción
de masaje del glande en la relación sexual estimula los
órganos sensitivos terminales y las señales sexuales, a su
vez, se propagan a través del nervio pudendo, y después
por el plexo sacro, a la porción sacra de la médula espinal,
y finalmente ascienden a través de la médula a áreas no
definidas del encéfalo. Los impulsos también pueden penetrar
en la médula espinal procedentes de áreas próximas
al pene para ayudar a estimular el acto sexual. Por ejemplo,
la estimulación del epitelio anal, el escroto y las estructuras
perineales en general, pueden enviar señales a la médula
que contribuyen a la sensación sexual. Las sensaciones
sexuales pueden originarse incluso en estructuras internas,
como en zonas de la uretra, la vejiga, la próstata, las
vesículas seminales, los testículos y el conducto deferente.
El elemento psíquico
de la estimulación sexual masculina
Estímulos psicológicos adecuados pueden facilitar mucho
la capacidad de una persona para realizar el acto sexual.
Los simples pensamientos de contenido sexual e incluso
el hecho de soñar que se está realizando el coito, pueden
hacer que se produzca el acto sexual masculino y culmine
en la eyaculación. De hecho, en muchos varones se producen
eyaculaciones nocturnas durante los sueños en algunas
etapas de la vida sexual, especialmente en la adolescencia.
La Respuesta Sexual Masculina
1) Cuando el hombre experimenta una excitación sexual, el cerebro envía
rápidamente una orden a través de la médula espinal a los genitales, el
pene se llena de sangre y se endurece, los testículos suben y el escroto se
hace más grueso; esta es la primera etapa de la respuesta sexual
masculina y recibe el nombre de Fase de excitación.
2) Si se sigue adelante con la estimulación, en cualquiera de sus formas, se
llega a la Segunda Fase o Meseta, donde el pene se hincha aún más, los
testículos crecen en tamaño y el glande se vuelve de un color azulado. En
esta fase también se cierra el esfínter interno de la vejiga, para impedir que
el semen vaya hasta ella y evitar que con la eyaculación se produzca
también la micción. La Glándula de Cowper segrega un líquido con el
objetivo de limpiar la uretra de restos de orina. Este líquido puede tener es
espermatozoides de eyaculaciones anteriores. Tanto en el hombre como en
la mujer, aumenta la tensión muscular, respiración, presión arterial y ritmo
cardíaco.
3) Si la actividad sexual prosigue, los espermatozoides salen de los testículos
hasta pasar por las vesículas seminales, donde se unen líquido seminal
producido por éstas. Todo lo anterior llegará ahora a la próstata donde se
unirá líquido prostático. El paquete eyaculatorio está listo para salir, por la
uretra. Una vez llegado a este punto, ocurre una sensación de no vuelta
atrás y de pérdida de control de los músculos, es la Fase de Orgasmo, los
músculos se contraen y los órganos sexuales experimentan diversas
contracciones para que se produzca la eyaculación y el semen brote a
través el pene, si la estimulación continúa, el semen se disparará al exterior
con contracciones (entre 5 y 8 aproximadamente) a un ritmo de 0,8
segundos.
4) Cuando ha llegado al clímax se produce la Fase de resolución, donde el
pene pierde su erección, y los testículos y el escroto vuelven a su tamaño
natural. En esta fase en el varón ocurre el Periodo de Refracción,
consistente en la imposibilidad de tener otro orgasmo en un tiempo
determinado, este período varía en cada hombre (lo determinan factores
como la edad, estado de salud, etc).
La Respuesta Sexual masculina podría representarse así gráficamente:
EL SECRETO DE LA SEXUALIDAD MASCULINA
A medida que vamos madurando como amantes e intentamos satisfacer a nuestras compañeras, vamos
obteniendo cierto control sobre nuestra excitación. Esta capacidad suele ser llamada nuestro aguante y
se logra aprendiendo a distraer la atención de la excitación sexual (pensando en otra cosa; en los
resultados deportivos, por ejemplo) en lugar de aprender a sensibilizamos a ella. El verdadero control eyaculatorio aparece cuando conocemos el ritmo de nuestra excitación sexual, no
cuando lo ignoramos. A medida que aprendas a reconocer y a sentir cada vez más el placer que surge
en ti, te resultará más fácil seguir el camino multiorgásmico.
¿PERO, EN EL SEXO NO SE TRATA DE RELAJARSE Y DEJARSE IR?
Para experimentar placer sexual, los hombres debemos ciertamente relajarnos y dejarnos ir, pero si nos
relajamos y nos dejamos ir demasiado, eyaculamos, y entonces la mayor parte del placer, si no todo,
desaparece. La esencia del kung fu sexual y el secreto de la sexualidad masculina es saber cuándo
controlar nuestra sexualidad y cuándo dejarnos ir.